lunes, 21 de febrero de 2011

Conoce esta historia y si puedes... ayúdales

El techo de su casa tan solo es un pedazo de alfombra verde que alguien les regaló hace tiempo, mientras que una de sus paredes es un frondoso árbol de limas y en las otras se encuentra un nopal y el molino para moler maíz, debido a que viven a la intemperie.

Los años se les notan a simple vista y las carencias con las que sobreviven son muy evidentes, un catre como cama, que les sirve tanto para dormir, como comedor y sala, así como una pequeña hornilla de ladrillo y lodo, donde cocinan lo poco que logran comer diariamente.

Amarga historia

María Jesús Cebreros Domínguez y Adislaro Cebreros Meza, de 75 y 77 años, respectivamente, llegaron a la cabecera municipal hace poco más de 4 años, dejando atrás, en la comunidad serrana de El Llano, su casa, la pequeña tiendita y el ganado que les daba para poder salir adelante.

Con voz entrecortada y con una mirada triste, María Jesús, relata que tuvieron que salirse de su pueblo a consecuencia de la muerte de su hijo, además de que ya eran los últimos pobladores en El Llano, y al llegar a la cabecera municipal comenzaron a vivir con una de sus nietas, pero esto cambió desde hace poco más de un año.

Viven en un terreno baldío, localizado a las afueras, por la colonia Feliciano Roque, cerca de la secundaria Nueva Creación, donde a pesar de sus carencias y de casi no tener que comer, viven unidos como desde hace 55 años.
"Qué no puedo decir yo de esta mujer, me ha ayudado en todo y hasta la fecha lo sigue haciendo", señala Adislaro mientras observa a su esposa sentada junto a él.

Padecen por el frío

Cada noche padecen las bajas temperaturas que desde hace meses se han resentido en esa entidad, a las cuales solamente les hacen frente con 3 cobijas que tienen para los dos.

"No tenemos nada más para poder taparnos del frío", comenta Adislaro, recostado sobre el catre, debido a que desde hace más de 30 años tiene que utilizar muletas para poder caminar, a causa de un "mal de amistad", como él dice.

En la hornilla casi ya están listos los frijoles que tendrán que comer esa tarde, los cuales servirán para esa misma noche y el desayuno del siguiente día.
A su alrededor solo se puede ver monte a donde tienen que ir para realizar sus necesidades fisiológicas, y el cual tiene que atravesar María para poder llevar a su esposo en una silla de ruedas que le regalaron, al Hospital Integral cuando la sonda que tiene en el cuerpo se le tapa.

Las ganas de vivir y ser útil quedan expuestas cuando Adislaro pregunta cómo está la situación en las comunidades serranas, debido a que aún mantiene la esperanza de volver allá, para poder sembrar el campo y arriar el ganado, como lo hacía antes.

Sin apoyos

Se han ganado el cariño y afecto de los vecinos, quienes les han regalado algunas de sus pocas ropas que mantienen sobre el catre o los pocos platos, vasos y sartén que tiene para cocinar, además de la ayuda que les proporciona el hermano de Adislaro, Cruz Cebreros, quien al igual que ellos vive con muchas carencias.

Ninguno de los dos recibe ningún apoyo de parte de las autoridades municipales o programas federales como Oportunidades o 70 y más, no cuentan con una identificación, ni acta de nacimiento, debido a que como ellos dicen, "allá en el rancho no se usa nada de eso".

La tarde comienza a caer y el viento fresco hace que los dos busquen alguna prenda para poder cubrirse, aunque señalan que ni las cobijas, ni las ropas les son suficientes para poder aminorarlos, debido a que el frío les entra por las grandes ventanas que no tienen las paredes de su casa.

(Con información de El Debate.com.mx)

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